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Una discusión parlamentaria sobre el proyecto de ley de sitios de memoria del pasado reciente terminó a los gritos entre las diputadas Graciela Bianchi (Partido Nacional) y Manuela Mutti (MPP), que terminó lagrimeando.

Las versiones sobre lo sucedido varían según quién las cuente. Pero todo se inició a partir de una primera exposición de la presidenta de la Comisión de Educación Susana Montaner (Partido Colorado), acerca del proyecto de ley del Ejecutivo aprobado por unanimidad en el Senado.

El proyecto de ley reconoce a las víctimas de terrorismo o accionar ilegítimo del Estado que sufrieron violaciones a sus derechos humanos por motivos políticos, ideológicos o gremiales desde 1968 hasta el 28 de febrero de 1985, fecha en la que terminó la dictadura.

El problema entre las legisladoras del gobierno y de la oposición se planteó en la comisión —y se reeditó más tarde en el plenario, aunque sin la virulencia anterior— porque blancos y colorados pretendieron hacerle a la iniciativa dos modificaciones: incluir en el memorial a las víctimas abatidas por los tupamaros, como civiles, policías y militares, y cambiar la fecha de 1968 a 1973 por considerar que entre esos años había un gobierno democrático y que la dictadura recién comenzó en la fecha más reciente, tal cual planteó la diputada Bianchi.

Montaner dijo a El País que el proyecto de ley «da una mirada muy hemipléjica» porque se establecen plazos desde 1968 «en pleno gobierno electo que nunca se apartó de la Constitución según dijo el propio (Líber) Seregni», cuando era presidente Jorge Pacheco Areco.

«Como demócratas estamos en desacuerdo con todo acto violento y entendemos que en este país hubo una guerrilla armada que antecedió a la dictadura militar. Y los demócratas quedamos en el medio», aseguró Montaner. Según ella, los tupamaros deben pedir perdón por la muerte del peón rural Pascasio Báez en 1971.

Todos.

Por su parte, la diputada Bianchi pidió «incluir a todas las víctimas del terrorismo de Estado» dentro del proyecto. Pero lo que realmente molestó a Mutti fue que Bianchi dijera que también los tupamaros habían torturado y no solo los militares.

«¡No hay fundamentos para decir eso. Es mentira!», respondió Mutti. La diputada del MPP integra el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y su padre fue preso político por 13 años. Bianchi acotó que «hay una biblioteca entera de pruebas» y que el Frente tuvo un ministro que hizo un pacto con militares en referencia al extitular de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Consultada por El País, Mutti confirmó la discusión con Bianchi pero negó haber llorado. Según dijo, quedó «afectada» emocionalmente por el cortocircuito que tuvo lugar ayer en la mañana.

En el plenario, Mutti explicó que el propósito del proyecto de ley «es incentivar la identidad cultural de la comunidad» y «promover una reflexión conjunta sobre este tema para generar consciencia de que estos hechos no se repitan nunca más».

Bianchi afirmó que «el Nunca más que todos queremos solo se alcanzará si los uruguayos entendemos que tenemos que conciliar. Jamás nos afiliaremos a la tesis de que acá lucharon dos bandos. No fueron dos bandos. No nos afiliamos a la teoría de los dos demonios», sostuvo la legisladora exintegrante del Partido Comunista y hoy en el Partido Nacional.

«La guerrilla fue la responsable de alterar el orden», dijo Bianchi

La diputada nacionalista Graciela Bianchi afirmó al explicar su oposición al proyecto tal como fue aprobado, que «lo que queremos es una memoria justa». «Cuando sesgamos este recuerdo estamos sesgando la voluntad de la población. La ciudadanía laudó por dos veces con la ley de Caducidad. Cuando hablamos del pueblo, cuidado con esas expresiones. Hay manifestaciones de la ciudadanía en un sentido. A mí no me gustaron pero es una concepción cultural de cómo tenemos que salir. Somos hijos de Clemencia para los vencidos y de Ni vencedores ni vencidos», señaló. Afirmó que «la guerrilla tuvo responsabilidad en la alteración del orden institucional. En 1962 no había siquiera un régimen autoritario, vivíamos en una democracia. No había dictadura. Me da mucha pena que muchos jóvenes no sepan ni cuándo fue la dictadura. En la izquierda la mayoría no queríamos las armas», dijo. Para Bianchi «las víctimas fuera de la guerrilla no pueden ser consideradas víctimas colaterales, víctimas de segunda. Ni Pascasio Báez ni ninguna persona. Nunca entendí la muerte de los cuatro soldados. ¿Hay memorial para ellos? ¿Son víctimas de segunda? No. Por eso no comparto este proyecto». Y preguntó: «¿El Frente Amplio no puede aceptar esto después de todo lo que hemos pasado? Si no lo aceptan no hemos aprendido nada. Sentimos hasta culpa al hablar de Pascasio Báez», culminó.

El País


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