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Hacen el trámite para ganar tiempo y así llegar a Montevideo sin necesidad de contar con visa.

 

Agustina nunca pensó que se embarcaría en la «aventura» en que acabaría convirtiéndose su vida hasta que el 2 de febrero su hijo, de 21 años, llegó con la idea de abandonar Cuba para emigrar a Uruguay. «Él vivía bien allá y yo también, pero quiso venir y yo lo acompañé para cuidarlo y protegerlo porque soy su mamá», dijo esta mujer de 53 años, quien hasta entonces nunca había salido de la isla caribeña.
A ese viaje se sumaron su hermana y su cuñado, quienes decidieron probar suerte en Uruguay guiándose por los comentarios favorables que se pasan de boca en boca en la isla. «En Cuba se dice que aquí es lo mejor para vivir, que esto es una maravilla. A nosotros nos fue bien, pero no es para nada como lo dicen, hay que romperse el lomo como en cualquier lugar», cuenta la mujer.

Apenas 33 días después de que la posibilidad de migrar a Uruguay fuera conversada por primera vez, los cuatro cubanos iniciaron una travesía de 7.000 kilómetros y siete días para ingresar al país a través de la frontera seca de Rivera—Santana Do Livramento.

Sucede que los cubanos requieren de visa para ingresar a Uruguay, la cual solo puede ser entregada por razones de turismo o negocios. Por eso eligen viajar a Guyana –único país de América del Sur que no les exige visa a los cubanos-, cruzar ilegamente la frontera con Brasil y desde allí viajar por tierra o avioneta hasta Livramento, desde donde ingresan a Uruguay.

Del viaje de Agustina y su familia se hizo cargo una organización integrada por guayaneses, quienes los esperaron con una camioneta en la puerta del aeropuerto Cheddi Jagan, ubicado a pocos kilómetros de Georgetown. En esa camioneta cruzaron la frontera hacia Brasil y atravesaron la selva. Una vez en territorio brasileño montaron en un avión hasta Porto Alegre, donde eran esperados por otras personas de la organización, quienes los acercaron hasta Santana Do Livramento.

Por esa travesía, debieron pagar US$ 1.500, aunque Agustina estima el costo total del viaje, entre el boleto de avión que los trasladó a Guyana y el taxi que debieron pagar para entrar a Rivera, así como el ómnibus que los trasladó después a Montevideo, en unos US$ 2.000.

La organización encargada del traslado de la familia se ocupa del viaje, el pago de alojamiento en las distintas paradas, así como de la comida que reciben. Una vez en Rivera, los cuatro cubanos siguieron las instrucciones que les habían dado los integrantes de la organización que los trajo a Uruguay: presentarse en la oficina de migraciones de la ciudad fronteriza y solicitar al Estado uruguayo que los ampare como refugiados.

Esta práctica se ha dado con frecuencia en los últimos años, según dijo la directora de Migraciones Myriam Coitinho en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado. Sucede que según la ley 18.076 que establece el «derecho al refugio y a los refugiados», los funcionarios de migraciones están obligados a recepcionar las solicitudes de refugio que se presentan en la frontera, para derivarla luego a una comisión dependiente del Ministerio de Relaciones exteriores que evalúa si es pertinente o no aprobarla. Para tomar una resolución, la Comisión de Refugiados, tiene un plazo de 90 días.

Durante ese período, los solicitantes pueden quedarse en Uruguay legalmente a la espera de una respuesta. Sin embargo, según explicó Coitinho, como los ciudadanos cubanos saben que su solicitud será rechazada, porque el argumento que presentan para migrar a Uruguay es de carácter económico y no político, entonces viajan a Montevideo, renuncian al trámite para ser refugiados, e intentan regularizar su situación aprovechando las facilidades que ofrece la ley de migración uruguaya.

Este método para obtener la residencia uruguaya se extendió hasta tal punto entre los cubanos, que se dispararon las solicitudes de refugio en Uruguay. En 2015 se presentaron 9 de estas solicitudes, en 2016, 370; en 2017, 2.146; y en lo que va de 2018, 2.025, por lo que se espera un nuevo record para este año.
Según dijo Coitinho, este incremento se explica básicamente por la llegada de cubanos que en la mayoría de los casos hacen el trámite en la frontera seca. Asimismo, 3.980 cubanos de los 4.365 que solicitaron refugio entre 2015 y 2018, renunciaron a ese trámite para solicitar la visa y regularizar así su situación. En la mayoría de los casos (2.770) fueron aprobadas.

Este lunes unos cuarenta cubanos hacían fila frente al Ministerio de Relaciones exteriores para solicitar la visa uruguaya. Asimismo, según dijeron a El Observador desde la ONG Idas y Vueltas, en la última semana, decenas de cubanos se acercaron a esta organización que apoya a inmigrantes para solicitar ayuda. Agustina, que llegó el 13 de marzo, fue una de esas personas. A través de esta ONG consiguió trabajo cuidando a un adulto mayor, al tiempo que su hijo y cuñado trabajan como deliveries y su hermana como empleada doméstica.

Esta madre de 53 años, planea quedarse entre cinco y seis años en Uruguay, hasta tanto su hijo se termine de asentar en el país en el que eligió vivir. El joven planea estudiar veterinaria en la Universidad de la República, y según Agustina, está convencido de la decisión de dejar atrás la isla que lo vio nacer.


Red de trata


La Policía del Crimen Organizado investiga una red de trata de personas que se encarga de traer a Uruguay a ciudadanos cubanos que ingresan al país a través de la frontera seca con Brasil, informó Telenoche y confirmó El Observador. Esta organización, está integrada por personas de Cuba, Guayana, Brasil y Uruguay.

 

Fuente: El Observador.


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